domingo, 14 de noviembre de 2010

César Vallejo, el culpable

Por GUSTAVO ESPINOZA M (*)

“César Vallejo ha muerto, le pegaban / todos sin que él les haga nada; / le daban duro con un palo y duro / también con una soga; son testigos / los días jueves y los huesos húmeros / la soledad, la lluvia y los caminos…”

Piedra negra sobre una piedra blanca. Poemas Humanos. CVM

Pareciera una historia extraída de anales antiquísimos. Quizá del medioevo. O tal vez de los juicios lapidarios de los años de la Santa Inquisición. O de lo que acontece -a veces- en los pueblos más primitivos de nuestro planeta, pese a los adelantos de lo que muchos llaman “la revolución científico- técnica” de nuestra época.

Pero no. Ocurrió hace muy poco tiempo en el Perú, un país que, al decir del Presidente García, está en los umbrales del Primer Mundo y que se levanta hoy -según dicen- gracias al modelo económico vigente y a otras acciones similares-, como ejemplo de lo que se puede hacer cuando se multiplican los panes y los peces y Monseñor Juan Luís Cipriani -obispo de mansas digestiones, como diría Gonzalo Rose- proclama en sus homilías dominicales, el respeto al hombre y a la vida.

Así es, en efecto gracias al comportamiento de las más altas autoridades de una Universidad Privada que funciona en el Perú y que, curiosamente, fue colocada bajo la advocación del poeta nacional César Vallejo Mendoza; tenemos esta historia que parece añeja y polvorienta.

El ente académico -así se proclama- existe aquí desde hace 16 años. Comenzó modestamente, pero poco a poco, a fuerza de cobrar elevadas pensiones a sus estudiantes, fue creciendo hasta convertirse en lo que es hoy, una “potencia cultural que alumbra el escenario nacional”, según se dice.

La Universidad César Vallejo tiene su sede principal en un pujante distrito capitalino -Los Olivos- y filiales en Chimbote, Trujillo, Tarapoto y Piura. Atiende a más de 25 mil alumnos y goza de las prerrogativas que el modelo privatizador de la educación, concedió en el Perú desde los años de Alberto Fujimori.

Fue fundada por don César Acuña Peralta, dos veces electo alcalde de Trujillo, y conocido empresario que incursionó también en el área educativa, consciente -como está- que el rubro es ciertamente muy rentable

Ocurre, sin embargo, que la Universidad César Vallejo, no honra al poeta cuyo nombre ostenta como un emblema más bien comercial. Al contrario, lo usa para efectos propagandísticos, haciendo escarnio de su vida y del contenido de su obra.

Y la prueba más tangible que eso es así, es lo que acaba de ocurrir, y que ha sido ocultado por la “prensa grande” y también silenciado -lamentablemente- por instituciones y organizaciones que debieron haber dicho su palabra de manera categórica y definitiva. Una extraña afasia ha tapado la boca a muchos para que no trascienda un verdadero crimen de lesa-cultura, que culminara con el abrupto despido de 13 docentes universitarios.

Ocurrió en efecto que, hace algún tempo y para el efecto de mejorar la “oferta educativa”, el citado centro de estudios resolvió crear lo que se dio en llamar la Cátedra Vallejo. Y puso al frente de ella a un especialista en la materia, al profesor Julio Yovera Ballona, a quien le encargó el tema.

El profesor Yovera y sus colaboradores no se limitaron, por cierto, a desarrollar estudios morfológicos y lingüísticos en torno a la creación literaria del poeta, Optaron por mostrar, adicionalmente, su vida y su obra, su contenido y esencia.

Gracias a tal empeño, las autoridades de la Universidad descubrieron lo que quizá habían ignorado siempre: Que César Vallejo estuvo preso en Santiago de Chuco -su tierra natal- en los primeros años de la década de los veinte del siglo pasado, acusado falsamente de “terrorista” e implicado en un supuesto motín popular que acabó con el incendio de una comisaría.

Descubrieron también que, por esa denuncia, dio con sus huesos en la cárcel por varios meses y que se mantuvo contra él abierto un proceso judicial que sólo se cerró muchos años más tarde, cuando las autoridades pertinentes llegaron a la definida convicción de que no existía prueba alguna contra el poeta. “Oh las cuatro paredes de mi celda Ah las cuatro paredes albicantes / que sin remedio dan al mismo numero…” escribiría después Vallejo en Trilce.

Además, claro, descubrieron que el poeta tuvo que irse del país, como huyendo; que estuvo en Francia; y luego en Rusia - en 1931-, escribiendo un libro con sus remembranzas bolcheviques y confirmando su admiración por la Revolución Socialista de Octubre; que fue un acerado defensor de la República Española, que participo en el Congreso Antifascista de Escritores celebrado en Valencia en 1937, que estuvo afiliado al Partido Comunista de España, y también al de Francia; y que murió “en París con aguacero” un funesto viernes de abril de 1938.

Los estudios en torno a Vallejo desasnaron -¿se puede emplear con propiedad el termino?, ¡Si, claro- a quienes creían que el poeta había escrito sólo versos de amor a la “andina y dulce Rita de junco y capulí”; y que se había inspirado también en los milicianos de huesos fidedignos que luchaban contra el alzamiento fascista de Franco Bahamonde; en las masas que defendían la libertad y la justicia, en el hombre que se erguía, alzado por millones; y en el bolchevique de trazos confundibles y gesto marital, de su Salutación Angélica.

Y ya esto, era mucho más de lo que los augustos funcionarios de la Universidad estaban dispuestos a admitir.

Tomaron entonces el árbol por las hojas y procedieron a arrancar de raíz la semilla subversiva que habían sembrado sin quererlo. Se dieron cuenta que les había ocurrido lo mismo que al personaje de Moliere, aquel que descubrió que hablaba en prosa, sin saberlo.

Cortaron entonces por lo sano. Como los maestros habían debatido con sus alumnos los textos de Vallejo, los acusaron del pecado de moda: “apología del terrorismo” y sin más, los expulsaron de la Universidad.

Como por arte de magia, ellos mismos se convirtieron en fiscales y en jueces. Hicieron un proceso sumario y un juicio sin duda secreto, porque ni siquiera los acusados fueron llamados a comparecer. Y los echaron de la Casa de Estudios sin el menor disgusto.

Los afectados responsabilizaron por la medida al Director General de la Universidad -ese cargo tiene- y al Director Académico de la mismo, los señores Juan Manuel Pacheco Zeballos y Heraclio Campana Añasco; pero estos pusieron oídos de mostrador ante el reclamo, que fue elevado sin éxito alguno, al Despacho del Honorable Rector, don Sigfredo Orbegoso Venegas, quien también optó por silbar de costado.

A los que creen que “el Perú avanza”, hay que recordarles un episodio casi idéntico que ocurrió en nuestro país hace 44 años, en mayo de 1966. En esa circunstancia, 11 profesores de educación secundaria fuimos echados del magisterio oficial. En esa ocasión, Vallejo no fue el culpable. Fue Mariátegui. Nos expulsaron de la escuela, por leerlo. El desenlace, sin embargo, fue distinto, y aleccionador: los maestros pelearon y, un año después, volvimos al trabajo docente.

Es bueno que se conozcan los nombres de los treces docentes sancionados de manera tan aviesa y medioeval por la Universidad que usurpa el nombre del poeta: Julio Yovera Ballona (coordinador académico), Carlos Castillo Mendoza; Percy Julián Uribe; Ernesto Toledo Bruckmann, Marisol Palomino Fernández, Lucia Apolinario Vega, Ricardo Elías Roselló, Nelson Saavedra Gallo, Miguel Torres Cóndor, Aracelli Jara, Hans Mejía y Augusto Lostaunau.

¿Qué se puede hacer en esta circunstancia? Lo racional plantea una disyuntiva clara: o los docentes son repuestos, o la Universidad cambia de nombre. José María Escrivá de Balaguer, le quedaría mejor.

Como aquí no existe una Fundación Vallejo, que cautele incluso el nombre del poeta, y como ni la familia del mismo ni las instituciones han dicho su palabra; el tema debiera ser abordado de oficio por el Estado Peruano. Sobre todo ahora, cuando ya se tiene un Ministerio de Cultura ¿Podrá proteger la cultura el señor ministro del ramo, o dejará también él que la barbarie se imponga?

(*) Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera


jueves, 21 de octubre de 2010

Invitación 81º Aniversario Carlos Malpica

Fecha: Martes 26 de Octubre
Hora: 6.00 pm
Lugar: Auditorio José Faustino Sánchez Carrión - Jr Azángaro 468 Lima

domingo, 10 de octubre de 2010

12 de Octubre Marcha de los Pueblos

Dia: Martes 12 de Octubre
Lugar: Plaza 2 de Mayo - Lima
Hora: 2.00 PM

Pronunciamiento de Unidad Popular Mariateguista‏

¡¡NO AL FRAUDE!!

La derecha ha sido derrotada en la capital por una corriente popular que decidió darle su voto a Fuerza Social y a Susana Villarán. Los mismos que luchaban desde las ánforas de votación en el 2006, volvieron el 2010 a decir que no aceptan más a la derecha, que no aceptan más corrupción, que no aceptan más neoliberalismo.

Esto es lo que hermana la insurgencia electoral del domingo 3 de octubre con el levantamiento de los indígenas amazónicos del 2009, con el levantamiento de Moquegua del 2008, con las luchas de Cusco por el agua de este año. Un sentimiento en la gente que no admite más exclusión y busca los mecanismos para estallar. No importa si los partidos populares están listos para conducir esto, la gente toma sus cabezas y los lleva hacia adelante, a veces a rastras, en medio de idas y venidas, a contramarcha, pero los lleva hasta el triunfo en la batalla. Susana Villarán fue llevada así y de pronto se encontró con un respaldo electoral que nadie imaginó hasta hace algunas pocas semanas.
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De esta manera se ha roto el monopolio de la derecha en Lima y se afirma la derrota más importante de los oligarcas de siempre que se encuentran ahora, en medio del desorden y el desconcierto. Sus apuestas electorales se cayeron en Lima y en regiones; el Partido Aprista ha sufrido un descalabro electoral histórico, ni siquiera manejar el aparato del Estado le ha servido para evitarlo.

Pero García es el otro gran perdedor. El capitoste de la derecha peruana que apostó a trabajar su lugar como el gran elector del 2011, haciendo de las elecciones municipales y regionales el ensayo previo, tuvo que ver a su candidato inicial, Alex Kouri, tachado, a su segunda opción Lourdes Flores, derrotada, a los candidatos regionales, provinciales y distritales del APRA hundidos sin remedio.
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Terminadas las votaciones y de cara a su derrota, García y la derecha pretenden trampear la voluntad popular. A las maniobras fraudulentas de la campaña, se suma ahora el fraude en el escenario del conteo de votos. EL Jurado Nacional de Elecciones (JNE), la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la prensa títere de la derecha, con García a la cabeza, han montado la farsa de las actas observadas para intentar burlar la votación del pueblo y realizar el fraude más burdo aún que el de Fujimori del 2000.

Podríamos esperar, como han acordado los compañeros de Fuerza Social, que los resultados se resuelvan en “mesa”, podríamos poner en manos de abogados y técnicos el destino de la voluntad popular. No lo vamos a hacer. La lucha de masas y la movilización popular también son legales, y es parte de las tradiciones de nuestro pueblo cuando de la defensa de sus intereses se trata.

Cientos de conquistas ciudadanas populares se lograron en las calles y se siguen logrando en ellas.

No vamos a esperar más. Convocamos a la ciudadanía que votó por el cambio, a las organizaciones del pueblo, a los partidos populares, al nacionalismo, a la izquierda, a los sectores progresistas y democráticos de Lima, a iniciar, ahora, una jornada por la defensa del voto del pueblo que la derecha quiere burlar sin ningún escrúpulo. Recobremos las calles para la movilización en defensa del voto el pueblo. Vamos por otra derrota de la derecha. Hay que parar el fraude. Nadie tiene el derecho a torcer la voluntad ciudadana y popular.

¡¡¡SUSANA YA GANÓ!!!
¡¡DEFENDAMOS LA VOLUNTAD POPULAR!!

Octubre, 2010
Dirección Nacional de Unidad Popular Mariateguista

sábado, 9 de octubre de 2010

No puedo celebrar el Nobel. Augusto Malpartida

Por: Augusto Malpartida

Me gustaría alegrarme por el premio Nobel a Vargas Llosa, tengo ganas de salir a la calle a decir que por primera vez en nuestra historia de frustraciones criollas tenemos un triunfo inobjetable. Quisiera llamar a Vargas Llosa y saludarlo por este premio. Y alegrarme de veras, porque el Nobel es el Nobel pues.

Tal vez lo haga. Cuando Vargas Llosa deje de defender lo indefendible, cuando asuma que su defensa del capitalismo justifica la muerte de millones de niños en el mundo, cuando vuelva a decir con el pueblo, que no es posible sostener un sistema que tiene que explotar a la mayoría de los seres humanos para que un grupo viva a cuerpo de rey.

Tal vez salga a celebrar cuando Vargas Llosa admita que se equivocó en Uchuraccay, que hacer responsables a los comuneros de la muerte de los periodistas abrió las puertas para la impunidad de la guerra sucia que terminó con las vida de miles de peruanos, hombres, mujeres y niños.

Tal vez celebre, cuando Vargas Llosa, regrese a sus orígenes y defienda a Cuba Socialista, asumiendo que los socialistas también nos equivocamos, pero no explotamos a nadie, no nos corroe la avaricia, no nos importan las cuentas llenas de dólares a costa de la sangre y sudor de los trabajadores.

Tal vez celebre, cuando deje de justificar las matanzas en el Medio Oriente, en nombre de una modernidad que nadie ha probado hasta ahora que sirva para poder mirarnos como iguales.

Tal vez celebre cuando Vargas Llosa admita que ponerse al servicio del imperio fue su peor obra, que suscribir sus desmanes es sumarse al griterío salvaje que clama por ganancias sin que la vida importe.

Tal vez celebre cuando Vargas Llosa recobre la lucidez y denuncie a la Academia por darle el premio Nobel de la Paz a Obama, y denuncie que el crimen organizado, aunque sea del Estado, aunque sea respaldado por la ONU, sigue siendo crimen organizado.

Me gustaría tener la sangre fría para separar al Vargas Llosa literato del Vargas Llosa propagandista del imperio, no la tengo, no me es posible, son la misma persona.

Mientras tanto me comeré las ganas de celebrar, las ganas de sentirme orgulloso por que un paisano ganó el Nobel. La derecha nos ha ganado esta alegría, tal vez la historia nos la devuelva.

Octubre del 2010

viernes, 8 de octubre de 2010

Grau / Gonzales Prada

Por: Manuel Gonzales Prada

I

Épocas hai en que todo un pueblo se personifica en un solo individuo: Grecia en Alejandro, Roma en César, España en Carlos V, Inglaterra en Cromwell, Francia en Napoleón, América en Bolívar. El Perú en 1879 no era Prado, La Puerta ni Piérola, era Grau.

Cuando el Huáscar zarpaba de algún puerto en busca de aventuras, siempre arriesgadas, aunque a veces infructuosas, todos volvían los ojos al Comandante de la nave, todos le seguían con las alas del corazón, todos estaban con él. Nadie ignoraba que el triunfo rayaba en lo imposible, atendida la superioridad de la escuadra chilena; pero el orgullo nacional se lisonjeaba de ver en el Huáscar un caballero andante de los mares, una imajen del famoso paladín que no contaba sus enemigos antes del combate, porque aguardaba contarles vencidos o muertos.

Nosotros, lejítimos herederos de la caballerosidad española, nos embriagábamos con el perfume de acciones heroicas, en tanto que otros, menos ilusos que nosotros i más imbuídos en las máximas del siglo, desdeñaban el humo de la gloria i s'engolosinaban con el manjar de victorias fáciles i baratas.
I merecíamos disculpa!

El Huáscar forzaba los bloqueos, daba caza a los trasportes sorprendía las escuadras, bombardeaba los puertos, escapaba ileso de las celadas o persecuciones, i más que nave, parecía un ser viviente con vuelo de águila, vista de lince i astucia de zorro. Merced al Huáscar, el mundo que sigue la causa de los vencedores, olvidaba nuestros desastres i nos quemaba incienso; merced al, Huáscar, los corazones menos abiertos a la esperanza cobraban entusiasmo i sentían el jeneroso estímulo del sacrificio; merced al Huáscar, en fin, el enemigo se desconcertaba en sus planes, tenía, vacilaciones desalentadoras i devoraba el despecho de la vanidad humillada, porque el monitor, vijilando las costas del Sur, apareciendo en el instante menos aguardado, parecía decir a l'ambición de Chile: "Tú no pasarás de aquí". Todo esto debimos al Huáscar, i el alma del monitor era Grau.

II

Nació Miguel Grau en Piura el año 1834. Nada notable ocurre en su infancia, i sólo merece consignarse que, después de recibir la instrucción primaria en la Escuela Náutica de Paita, se trasladó a Lima para continuar su educación en el colejio del poeta" Fernando Velarde.

A la muerte del discípulo, el maestro le consagró una entusiasta composición en verso. Descartando las exajeraciones, naturales a un poeta sentimental i romántico, se puede colejir por los endecasílabos de Velarde, que Grau era un niño tranquilo i silencioso, quien sabe taciturno.

Nunca fuiste risueño ni elocuente
Y tu faz pocas veces sonreía
Pero inspirabas entusiasmo ardiente,
Cariñosa y profunda simpatía
(Ferando Velarde)


Mui pronto debió de hastiarse con los estudios i más aún con el réjimen escolar, cuando al empezar l'adolescencia s'enrola en la tripulación de un buque mercante. Seis o siete años navegó por América, Europa i Asia, queriendo ser piloto práctico antes que marino teórico, prefiriendo costear continentes i correr temporales a navegar mecido constantemente por las olas del Pacífico.


Consideró la marina mercante como una escuela transitoria, no como una profesión estable, pues al creerse con aptitudes para gobernar un buque, ingresó a l'Armada nacional. ¿A qué seguir paso a paso la carrera del guardia marina en 1857, del capitán de navío en 1873, del contralmirante en 1879? Reconstituir conforme a plan matemático la existencia de un personaje, conceder intención al más insignificante de sus actos, ver augurios de proezas en los juegos inocentes del niño, es fantasear una leyenda, no escribir una biografía. En el ordinario curso de la vida, el hombre camina prosaicamente, a ras del suelo, i sólo se descubre superior a los demás, con intermitencias, en los instantes supremos.

El año 1865 hubo momento en que Grau se atrajo las miradas de toda la nación, en que tuvo pendiente de sus manos la suerte del país. Conducía de los astilleros ingleses un buque de guerra a tiempo que la República se había revolucionado para deshacer el tratado Vivanco–Pareja. Plegándose a los revolucionarios, entregándoles el dominio del mar, Grau contribuyó eficazmente al derrumbamiento de Pezet.

La popularidad de Grau empieza al encenderse la guerra contra Chile. Antes pudo confundirse con sus émulos i compañeros de armas o diseñarse con las figuras más notables del cuadro; pero en los días de la prueba se dibujó de cuerpo entero, se destacó sobre todos, les eclipsó a todos. Fué comparado con Noel y Gálvez, i disfrutó como Washington la dicha de ser "el primero en el amor de sus conciudadanos". El Perú todo le apostrofaba como, Napoleón a Goethe: "Eres un hombre".

III

Y lo era, tanto por el valor como por las otras cualidades morales. En su vida, en su persona, en la más insignificante sus acciones, se conformaba con el tipo lejendario del marino.

Humano hasta el esceso, practicaba jenerosidades que en el fragor de la guerra concluían por sublevar nuestra cólera. Hoi mismo, al recordar la saña implacable del chileno vencedor, deploramos la exajerada clemencia de Grau en la noche de Iquiqui. Para comprenderle i disculparle, se necesita realizar un esfuerzo, acallar las punzadas de la herida entreabierta, ver los acontecimientos desde mayor altura. Entonces se reconoce que no merecen llamarse grandes los tigres que matan por matar o hieren por herir, sino los hombres que hasta en el vértigo de la lucha saben economizar vidas i ahorrar dolores.

Sencillo, arraigado a las tradiciones relijiosas, ajeno a las dudas del filósofo, hacía gala de cristiano i demandaba l'absolución del sacerdote antes de partir con la bendición de todos los corazones. Siendo sinceramente relijioso, no conocía la codicia —esa vitalidad de los hombres yertos—, ni la cólera violenta —ese momentáneo valor de los cobardes—, ni la soberbia —ese calor maldito que sólo enjendra víboras en el pecho—. A tanto llegaba la humildad de su carácter que, hostigado un día por las alabanzas de los necios que asedian a los hombres de mérito, esclamó: "Vamos, yo no soi más que un pobre marinero que trata de servir a su patria".

Por su silencio en el peligro, parecía hijo de otros climas, pues nunca daba indicios del bullicioso atolondramiento que distingue a los pueblos meridionales. Si alguna vez hubiera querido arengar a su tripulación, habría dicho espartanamente, como Nelson en Trafalgar: "La patria confía en que todos cumplan con su deber". Hasta en el porte familiar se manifestaba sobrio de palabras: lejos dél la verbosidad que falsifica la elocuencia i remeda el talento. Hablaba como anticipándose al pensamiento de sus con la más leve contradicción.Su cerebro discernía con lentitud, su palabra fluía con largos intervalos de silencio, i su voz de timbre femenino contrastaba notablemente con sus facciones varoniles i toscas.

Ese marino forjado en el yunque de los espíritus fuertes, inflexible en aplicar a los culpables todo el rigor de las ordenanzas, se hallaba dotado de sensibilidad esquisita, amaba tiernamente a sus hijos, tenía marcada predilección por los niños. Sin embargo, su enerjía moral no s'enervaba con el sentimiento como lo probó en 1865 al adherirse a la revolución: rechazando ascensos i pingües ofertas de oro, desoyendo las sujestiones o consejos de sus más íntimos amigos, resistiendo a los ruegos e intimaciones de su mismo padre, hizo lo que le parecía mejor, cumplió con su deber.

Tan inmaculado en la vida privada como en la pública, tan honrado en el salón de la casa como en el camarote del buque, formaba contraste con nuestros políticos i nuestros guerreros, existía como un verdadero anacronismo.

Como flor de sus virtudes, trascendía la resignación: nadie conocía más el peligro, i marchaba de frente, con los ojos abiertos, con la serenidad en el semblante. En él, nada cómico ni estudiado: personificaba la naturalidad. Al ver su rostro leal i abierto, al cojer su mano áspera i encallecida, se palpaba que la sangre venia de un corazón noble i jeneroso.

Tal era el hombre que en buque mal artillado, con marinería inesperta, se vió rodeado i acometido por toda la escuadra chilena el 8 de Octubre de 1879.

IV

En el combate homérico de uno contra siete, pudo Grau rendirse al enemigo; pero comprendió que por voluntad nacional estaba condenado a morir, que sus compatriotas no le habrían perdonado el mendigar la vida en la escala de los buques vencedores. Efectivamente. Si a los admiradores de Grau se les hubiera preguntado qué exijían del Comandante del Huáscar el 8 de Octubre, todos habrían respondido con el Horacio de Corneille: Que muriera! ".


Todo podía sufrirse con estoica resignación, menos el Huáscar a flote con su Comandante vivo. Necesitábamos el sacrificio de los buenos i humildes para borrar el oprobio de malos i soberbio Sin Grau en la Punta de Angamos, sin Bolognesi en el Morro de Arica ¿tendríamos derecho de llamarnos nación? ¡Qué escándalo no dimos al mundo, desde las ridículas escaramuzas hasta las inesplicables dispersiones en masa, desde la fuga traidora de los caudillos hasta las sediciones bizantinas, desde la maquinaciones subterráneas de los ambiciosos vulgares hasta las tristes arlequinadas de los héroes funambulescos!

En la guerra con Chile, no sólo derramamos la sangre, exhibimos la lepra. Se disculpa el encalle de una fragata con tripulación novel i capitán atolondrado, se perdona la derrota de un ejército indisciplinado con jefes ineptos o cobardes, se concibe el amilanamiento de un pueblo por los continuos descalabros en mar i tierra; pero no se disculpa, no se perdona ni se concibe la reversión del orden moral, el completo desbarajuste de la vida pública, la danza macabra de polichinelas con disfraz de Alejandros i Césares.

Sin embargo, en el grotesco i sombrío drama de la derrota, surjieron de cuando en cuando figuras luminosas i simpáticas. La guerra, con todos sus males, nos hizo el bien de probar que todavía sabemos enjendrar hombres de temple viril.

Alentémonos, pues: la rosa no florece en el pantano; i el pueblo en que nacen un Grau i un Bolognesi no está ni muerto ni completamente dejenerado. Regocijémonos, si es posible: la tristeza de los injustamente vencidos conoce alegrías sinceras, así como el sueño de los vencedores implacables tiene despertamientos amargos, pesadillas horrorosas.

La columna rostral erijida para conmemorar el 2 de Mayo se corona con la victoria en actitud de subir al cielo, es decir, a la rejión impasible que no escucha los ayes de la víctima ni las imprecaciones del verdugo. El futuro monumento de Grau ostentará en su parte más encumbrada un coloso en ademán d'estender el brazo derecho hacia los mares del Sur.

Catalina de Rusia fijó en una calle meridional de Sampetersburgo un cartel que decía: "Por aquí es el camino a Constantínopla". Cuando la raza eslava siente impulsos de caminar hacia las "tierras verdes" ¿no recuerda las tentadoras palabras de Catalina? Si Grau se levantara hoi del sepulcro, nos diría... Es inútil repetir sus palabras: todos adivinamos ya qué deberes hemos de cumplir, adónde tenemos que dirijirnos mañana.